7 de octubre de 2021

Murakami y el Jazz #14


"Sauce ciego, mujer dormida" es un extraordinario volumen de veinticuatro relatos que ofrecen, condensadas, las mejores cualidades de Haruki Murakami. En estos cuentos el autor introduce elementos fantásticos y oníricos, mezcla con calculada ambigüedad el sueño y la vigilia, se sirve de referentes como el jazz o permite que los cuervos hablen, pero, sobre todo, crea personajes inolvidables, enfrentados al dolor o al amor, o vulnerables y necesitados de afecto. Basta un detalle nimio para que algunos de esos personajes se suman en la melancolía tras atisbar de pronto el lado oscuro que ocultan los actos cotidianos. 

Las pistas "jazzísticas" de nuestra búsqueda, que es mucha y variada, se encuentran en tres de los relatos: "Los gatos antropófagos", "Náusea, 1979" y "Viajero por azar". Hay discos claramente identificados y otros que, en nuestro "juego" de ilustrar los textos, requieren una "intervención".

Aquí vamos...


*Los gatos antropófagos*

En este cuento, quien relata (de quien nunca sabemos el nombre) nos cuenta lo sucedido cuando se fue a vivir por un tiempo a una pequeña isla griega con su amante Izumi, una vez que sus respectivos cónyuges descubrieron el adulterio. Se fueron apenas con lo necesario para sobrevivir un par de años y pasaban sus días contemplando el paisaje, leyendo y conversando. A Izumi le gustaba que nuestro relator le leyera los diarios y el disparador del relato es precisamente, un artículo periodístico sobre una anciana devorada por sus tres gatos después de fallecer. 

Una noche, nuestro relator se despierta y nota que Izumi ha desaparecido. Sale a buscarla por el bosque y, reflexionando sobre su alejamiento intempestivo de Japón, razona:

"¿Y dónde está mi auténtico yo?", pensé. "Tu yo real ha sido devorado por los gatos", me susurró la voz de Izumi desde alguna parte. "Aunque tú estés aquí, tu verdadero yo ha sido devorado por los gatos hambrientos. De ti no ha quedado nada más que los huesos". Eché una mirada a mi alrededor. Pero era una alucinación auditiva, por supuesto. En torno a mí, lo único que se veía eran unos matojos de poca altura que crecían en el suelo rocoso, y la pequeña sombra que proyectaban. Era una voz que mi mente había creado a su capricho. Volví a pensar en una gran pistola. Recordé la frialdad del cañón. Imaginé cómo me lo introducía en la boca y apretaba el gatillo. Imaginé cómo explotaba mi cerebro, mis huesos, mis globos oculares. Imaginé la negra paz que me visitaría un instante después.

"¡Basta de pensamientos deprimentes!", me dije a mí mismo. "Te sumergirás en el mar como si quisieras evitar una ola gigantesca y permanecerás agarrado a una roca, conteniendo el aliento. De ese modo la ola pasará de largo. Estás cansado y tienes los nervios alteradísimos. Eso es todo. Atrapa la realidad. Cualquier cosa sirve, pero tienes que asirte a algo real". Me metí la mano en el bolsillo y agarré un puñado de calderilla. Las monedas quedaron al instante húmedas de sudor.

Me esforcé en pensar en otra cosa. Pensé en mi casa soleada de Unoki. Pensé en la colección de discos que había dejado allí. Yo tenía una colección bastante buena de jazz. Me había especializado en pianistas blancos de la década de los cincuenta y principios de los sesenta. Había ido reuniendo pacientemente álbumes de pianistas, desde Lennie Tristano a Al Haig o bien Claude Williamson, Lou Levy, Russ Freeman, André Previn. La mayoría de los discos ya estaban descatalogados y había empleado mucho tiempo y dinero en reunirlos. Había aumentado poco a poco la colección a base de ir recorriendo con la diligencia de una hormiga tiendas de discos, y de ir intercambiando objetos con otros coleccionistas. La mayoría de las piezas que había dejado no eran de primera categoría, ni mucho menos. Pero yo amaba aquel aire íntimo tan especial que se desprendía de aquellos viejos y mohosos discos. Mi humilde justificación era que, si el mundo se compusiera únicamente de cosas de primera calidad, seguro que sería muy insípido. Me acordaba al detalle del diseño de las fundas de cada uno de esos discos. También podía recordar con precisión el peso y el tacto de aquellos discos de vinilo sobre mi mano.

Pero todo eso ha desaparecido ahora. En realidad, fui yo quien lo borró con mis propias manos. Y es probable que no vuelva a escuchar jamás esos discos.

Aquí no se mencionan más que grabaciones de la década de 1950 y 1960 de seis pianistas. A faltas de "pistas" exactas, "intervenimos" con destacadas grabaciones de la época que sugiere el texto:

Lennie Tristano
New York Improvisations

Lado 1
1 - Manhattan Studio
2 - My Melancholy Baby
3 - Lover Man (Oh, Where Can You Be?)
4 - I'll See You In My Dreams
5 - There Will Never Be Another You

Lado 2
6 - Momentum
7 - Mean To Me
8 - All The Things You Are
9 - I'll Remember April

Lennie Tristano (piano), Peter Ind (contrabajo), Tom Weyburn (batería).
Grabaciones realizadas en el Lennie Tristano Studio, 317 East 32nd. Street, Nueva York, durante 1955 y 1956.

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Al Haig
Quartet

1 - Sweet Lorraine
2 - Tea For Two
3 - You Go To My Head
4 - You Stepped Out Of A Dream
5 - Undecided
6 - The Man I Love
7 - Woodyn' You
8 - Stella By Starlight
9 - Someone To Watch Over Me

Al Haig (piano), Benny Weeks (guitarra), Teddy Kotick (contrabajo), Phil Brown (batería).
Grabado en Nueva York, (posiblemente) el 13 de setiembre de 1954.

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Claude Williamson
Trio

1 - June Bug
2 - Jersey Bounce
3 - Moonlight in Vermont
4 - I'll Remember April
5 - The Last Time I Saw Paris
6 - Blue Notoriety
7 - Embraceable You
8 - Have You Met Miss Jones?
9 - Hallelujah

Claude Williamson (piano), Don Prell (contrabajo), Chuck Flores (batería).
Grabado en Hollywood, California, el 19 de enero de 1956.

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Lou Levy Quartet
Jazz In Four Colors

1 - Tune Up
2 - Without You
3 - Wail Street
4 - Star Eyes
5 - The Lady Is a Tramp
6 - The Gray Fox
7 - Button Up Your Overcoat
8 - Imagination
9 - Gal in Calico
10 - Indiana (Back Home Again in Indiana)

Lou Levy (piano), Larry Bunker (vibráfono), Leroy Vinnegar (contrabajo), Stan Levey (batería).
Grabaciones realizadas en Los Angeles, California, el 31 de marzo y el 2 de abril de 1956.

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Andre Previn And Russ Freeman
Double Play!

1 - Take Me Out To The Ball Game
2 - Who's On First?
3 - Called On Account Of Rain
4 - In The Cellar Blues
5 - Batter Up
6 - Double Play
7 - Safe At Home
8 - Fungo
9 - Strike Out The Band

André Previn (piano), Russ Freeman (piano), Shelly Manne (batería).
Grabaciones realizadas en Contemporary's Studio, Los Angeles, el 30 de abril y el 11 de mayo de 1957.

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*Náusea, 1979*

Este cuento relata una conversación entre dos hombres mientras charlan en un bar. Uno de ellos, que no puede evitar seducir y tener relaciones con todas las novias y esposas de sus amigos, le cuenta al otro un hecho fabuloso. Durante cuarenta días, en una época de su vida, no pudo evitar vomitar todo lo que comía o bebía. Todo ello estaba vinculado a una llamada misteriosa que recibía a diario de alguien que tan solo pronunciaba su nombre. Pasados estos cuarenta días y cuando su situación estaba llegando a un punto límite las llamadas cesan y también las náuseas. El narrador, a instancia de su amigo, no lo achaca directamente a su agitada vida afectiva, pero todo parece indicar lo contrario, aunque nada se puede demostrar. Nos cuenta:

Pudo darme la fecha exacta en que le empezaron las náuseas gracias a que era una de las contadísimas personas que poseen la rara capacidad de llevar un diario, sin olvidar un solo día, a lo largo de un dilatado periodo de tiempo. Los vómitos se iniciaron el cuatro de junio —un día de sol— y terminaron el catorce de julio —nublado— del mismo año. Él era un joven ilustrador con el que colaboré en una ocasión en un trabajo para una revista.

Al igual que yo, coleccionaba discos antiguos. Además, tenía la afición de acostarse con las novias y las esposas de sus amigos. Debía de ser dos o tres años menor que yo. A lo largo de su vida se había acostado con muchas. Cuando lo invitaban a casa, y mientras ellos se acercaban a la bodega del barrio a comprar cerveza o se tomaban una ducha, él hacía el amor con sus mujeres. Solía hablarme de ello.

—Pues un polvo rápido tampoco está tan mal, ¿sabes? —me contó una vez—. Sin quitarte apenas la ropa, así, deprisa y corriendo. Hay tendencia a alargarlo cada vez más, con preámbulos y otras historias. Así que no está mal variar de vez en cuando. Es muy divertido enfocarlo desde otra perspectiva, no creas.

Él no practicaba sólo el sexo acrobático, por supuesto. También disfrutaba con el sexo normal, ejecutado despacio, con calma. Pero lo que le gustaba era hacerlo con las novias y esposas de sus amigos.

—Yo no creo que me esté portando mal, que les esté poniendo los cuernos a mis amigos ni nada por el estilo. Al acostarme con ellas, tengo una sensación de enorme intimidad. Como de estar en familia. Total, no es más que sexo. Y, si no se llega a saber, no le haces daño a nadie.

—¿Nunca te han descubierto hasta ahora?

—No, claro que no —me dijo con extrañeza—. Estas cosas, si no tienes el deseo subliminal de que te pillen, no llegan a saberse nunca. Debes andarte con cuidado, claro. Y no empezar con insinuaciones, coqueteos ni nada por el estilo. Es muy importante dejarlo todo muy claro desde el principio. O sea, que aquello es un juego lleno de intimidad, y que tampoco pretendes ir más lejos ni herir a nadie. Obviamente, tiene que decirse con tiento, buscando las palabras adecuadas.

Me costaba creer que aquello pudiera funcionar con tanta facilidad, pero él no era un tipo fanfarrón que se inventara historias, así que debía de ser cierto.

—En realidad, eso es lo que desea la mayoría de las mujeres. La mayor parte de sus maridos o de sus novios son mucho mejores que yo. O son más guapos, o son más inteligentes, o tienen el pene más grande. Pero eso, a ellas, no les importa. Ellas se conforman con que su pareja sea, hasta cierto punto, un tipo formal, cariñoso, alguien con quien puedan entenderse. Lo que buscan es un hombre que se interese por ellas más allá del marco estático de "novia" o de "esposa". Ése es el principio fundamental. Claro que, luego, hay distintas motivaciones secundarias.

—¿Como por ejemplo?

—Por ejemplo, el resentimiento hacia una infidelidad del marido, el aburrimiento, la satisfacción del ego cuando siente que interesa a otros hombres aparte del suyo. Ese tipo de cosas. Eso yo lo capto a la primera ojeada. No se trata de conocimientos o de técnica. Es un talento innato. Algunas personas lo poseen y otras no.

Él no tenía novia fija.

Tal como he dicho, los dos éramos coleccionistas y, a veces, cogíamos nuestros discos, nos juntábamos y hacíamos algún trato. Ambos coleccionábamos discos de jazz de la década de los cincuenta y primera mitad de los sesenta, pero, como estábamos especializados en áreas ligeramente distintas, siempre surgía alguna posibilidad de trato. Yo me centraba en las bandas de jazz blancas de la Costa Oeste y él coleccionaba discos de la última época de músicos como Coleman Hawkins o Lionel Hampton. Así que, si él tenía Victor, de Pete Jolly Trio, y yo Mainstream Jazz, de Vic Dickenson, no era difícil que se produjera algún intercambio provechoso para ambos. Nos pasábamos un día entero tomando cervezas y estudiando la calidad de los discos o de las interpretaciones y, muchas veces, cerrábamos el trato.
 
Fue después de uno de esos encuentros cuando me habló de sus náuseas. Estábamos en su apartamento, bebiendo whisky y escuchando discos. De hablar de música pasamos a hablar de whisky y esto nos llevó a las borracheras.

Ya casi al final del cuento, el "vomitador y amante compulsivo" recuerda exactamente cuándo terminaron sus nauseas, qué hacía entonces y qué disco estaba escuchando con precisión:

—Para ser exactos... Espera un poco... Para ser exactos, el último vómito fue el día catorce de julio a las nueve y media de la mañana, devolví tostadas, una ensalada de tomate y leche. Y la última llamada tuvo lugar esa misma noche a las diez y veinticinco minutos, y yo, en aquellos momentos, estaba escuchando Concert by the Sea, de Erroll Garner, y tomándome un Seagram VO. ¿Qué? ¿Qué me dices? Eso de llevar un diario es útil, ¿verdad?

—Pues, sí. Mucho —asentí—. Entonces, tanto las llamadas como las náuseas se cortaron en seco, ¿no?

—Sí, en seco. Como en Los pájaros de Hitchcock, una buena mañana abres la ventana y todo ha pasado. Ni los vómitos ni las llamadas volvieron a repetirse. Yo recuperé peso hasta los sesenta y tres kilos y dejé colgados dentro del armario el traje y los pantalones. De recuerdo.

—¿Con la voz del teléfono sucedió lo mismo?

Él hizo un leve movimiento con la cabeza de izquierda a derecha. Y me dirigió una vaga mirada.

—No —contestó—. La última llamada, sólo ésa, fue distinta de las demás.

Primero mencionó mi nombre. Como siempre. Pero luego el tipo me dijo: "¿Sabes quién soy?", y guardó silencio durante unos instantes. Yo también callaba. Ambos permanecimos unos diez o quince segundos sin pronunciar palabra. Luego colgó. Y sólo se oía cómo comunicaba el teléfono.

Las pistas jazzísticas de este cuento son vagas por genéricas (en los casos de Coleman Hawkins, Lionel Hampton, "bandas de jazz blancas de la Costa Oeste") y "engañosas" en el caso de Pete Jolly y Vic Dickenson. Quizá se deba al "juego murakamiano" de inventar discos inexistentes o a errores de traducción. Lo cierto es que no existe un disco titulado "Victor" de Pete Jolly, ni tampoco uno titulado "Mainstrean Jazz" de Dickenson. Lo que sí es cierto es que Pete Jolly grabó interesantes discos en formato trío para el sello RCA Victor y hay uno de Dickenson titulado simplemente "Mainstream".
Aparte de dichos discos, elegimos dos grabaciones tardías de Hawkins y Hampton, para cumplir la premisa de "discos de la última época" de ambos.
En el caso de Coleman Hawkins no puede ser más extrema: se trata de su última grabación, realizada en 1966, pero que recién vio la luz en 1974, cinco años después de su muerte. 
En el caso de Lionel Hampton, también es de su última época: tan sólo registró cinco discos más antes de morir en 2002.
En cuanto a los grupos del "West Coast Jazz" es abrumadora la lista posible para nuestra "intervención". Los lectores de nuestro blog saben que tres proyectos anteriores cubrieron exhaustivamente la discografía fundamental del movimiento jazzístico de la costa oeste. Por eso, esta vez, presentamos una magnífica colección de grabaciones protagonizada por la flor y nata de aquel prolífico y creativo estilo, desde una colección de interesantes sesiones, la mayoría de ellas nunca antes en editadas en formato de disco compacto. 
Finalmente, Murakami vuelve a introducir el Concert By The Sea de Erroll Garner. Si bien ya lo mencionó en el libro anterior, esta vez volveremos a incluirlo, pero desde la edición que el sello Columbia preparó en formato de triple disco compacto, en el que puede apreciarse la totalidad del concierto, cosa que no muestra el LP original.

Coleman Hawkins
Sirius

Lado 1
1 - The Man I Love
2 - Don't Blame Me
3 - Just A Gigolo
4 - The One I Love (Belongs To Somebody Else)
5 - Time On My Hands (You In My Arms)

Lado 2
6 - Sweet And Lovely
7 - Exactly Like You
8 - Street Of Dreams
9 - Sugar (That Sugar Baby O' Mine)

Coleman Hawkins (saxo tenor), Barry Harris (piano), Bob Cranshaw (contrabajo), Eddie Locke (batería).
Grabado en Nueva York, el 20 de diciembre de 1966.

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Lionel Hampton
Mostly Blues

1 - Bye Bye Blues
2 - Someday My Prince Will Come
3 - Take The "A" Train
4 - Blues For Jazz Beaux
5 - Walkin' Uptown
6 - Honeysuckle Rose
7 - Mostly Blues
8 - Limehouse Blues
9 - Gone With The Wind

Lionel Hampton (vibráfono); Joe Beck (guitarra); Bobby Scott (piano); Bob Cranshaw [#1 a #5], Anthony Jackson [#6 a #9] (contrabajos); Grady Tate [#1 a #5], Chris Parker [#6 a #9] (baterías).
Grabaciones realizadas en Clinton Studios, Nueva York, el 10 de marzo (#1 a #5) y el 8 de abril (#6 a #9) de 1988.

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The Pete Jolly Trio
When Lights Are Low

1 - Skating
2 - Ah-Moore
3 - When Lights Are Low
4 - Groovin' With Gus
5 - Unconcerned
6 - Whistle While You Work
7 - Broadway
8 - My Old Flame
9 - Jordu
10 - That Old Feeling
11 - Five Brothers
12 - Thou Well

Pete Jolly (piano), Jules Bertaux (contrabajo), Robert Neal (batería).
Grabaciones realizadas en Los Angeles, el 6, 12 y 19 de junio de 1956.

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Vic Dickenson & Joe Thomas
Mainstream

1 - Sweethearts On Parade
2 - I Can't Believe You're In Love With Me
3 - Undecided
4 - Crazy Rhythm
5 - The Lamp Is Low
6 - Blues For Baby

#1, #2, #4 y #6:
Joe Thomas, Johnny Letman (trompetas); Dicky Wells (trombón); Buddy Tate (saxo tenor); Buster Bailey (clarinete); Herbie Nichols (piano); Everett Barksdale (guitarra);  Bill Pemberton (contrabajo); Jimmy Crawford (batería).
Grabado en Nueva York, el 27 de octubre de 1958.
#3 y #5:
Vic Dickenson (trombón), Buck Clayton (trompeta), Hal Singer (saxo tenor), Herbie Hall (clarinete), Al Williams (piano), Danny Barker (guitarra), Gene Ramey (contrabajo), Marquis Foster (batería)
Grabado en Nueva York, el 28 de octubre de 1958.

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Erroll Garner
The Complete  Concert  By The Sea

*CD 1*
1 - Announcer: Jimmy Lyons
2 - Night And Day
3 - Spring Is Here
4 - I'll Remember April
5 - The Nearness Of You
6 - Where Or When
7 - Sweet And Lovely
8 - Lullaby Of Birdland
9 - Mambo Carmel
10 - Teach Me Tonight
11 - Will You Still Be Mine
12 - I Cover The Waterfront
13 - Bernie's Tune
14 - How Could You Do A Thing Like That To Me?
15 - It's All Right With Me

*CD 2*
1 - Announcer: Jimmy Lyons
2 - They Can't Take That Away From Me
3 - Autumn Leaves
4 - S'Wonderful
5 - Laura
6 - Red Top
7 - April In Paris
8 - Caravan
9 - Erroll's Theme / Announcer: Jimmy Lyons

*CD 3*
1 - I'll Remember April
2 - Teach Me Tonight
3 - Mambo Carmel
4 - Autumn Leaves
5 - It's All Right With Me
6 - Red Top
7 - April In Paris
8 - They Can't Take That Away From Me
9 - How Could You Do A Thing Like That To Me?
10 - Where Or When
11 - Erroll's Theme
12 - Post Concert Interview

Erroll Garner (piano), Eddie Calhoun (contrabajo), Denzil Best (batería).
Grabado en vivo en el Sunset Center, Carmel, California, el 19 de setiembre de 1955.

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Modern Sounds From California
Historic Recordings 1954 ~1957

*CD 1*
1 - Scarf Dance
2 - Ballade
3 - Lover Man
4 - Safari
5 - Arcadia
6 - Hooray For Hollywood
7 - Santa Anita
8 - The Blinfold Test Nº1
9 - Here's Pete
10 - Santa Monica
11 - No Love, No Nothing
12 - The Blinfold Test Nº2
13 - Burbank Bounce
14 - Van Nuys Indeed!
15 - Culver City
16 - The Blinfold Test Nº3
17 - Tempo De Sylva
18 - Tomjean
19 - Stranger In The Rain
20 - Kentucky Blues Grass

*CD 2*
1 - Skip To Me Loot
2 - Speak Easy
3 - I'm Forever Counting Geigers
4 - Id
5 - The Goof
6 - Here's Pete
7 - Beverly Hills
8 - The Sidewalks Of New York
9 - Blue Moon
10 - I May Be Wrong
11 - Smog A La Mode
12 - California Zephyr
13 - Lady Like
14 - Midnight Sun
15 - Two Part Contention
16 - I'll Never Say Never Again Goodbye
17 - Larrisa
18 - Jazz For Gene

CD1 #1 a #4:
Shorty Rogers (trompeta),  Milt Bernhart (trombón), Bud Shank (saxo alto y flauta), Bob Cooper (saxo tenor y oboe),  Jimmy Giuffre (saxo barítono), Pete Jolly (piano), Curtis Counce (contrabajo), Irv Kluger (batería). 
Grabado en Hollywood, el 14 de setiembre de 1954.
CD1 #5 a #8:
Harry Edison (trompeta), Herb Geller (saxo alto), Bob Enevoldsen (trombón a válvulas), Lorraine Geller (piano), Joe Mondragon (contrabajo), Larry Bunker (batería).
Grabado en Hollywood, el 30 de diciembre de 1954.
CD1 #9 a #12:
Conte Candoli (trompeta), Buddy Collette (saxo alto y flauta), Jimmy Giuffre (clarinete, saxos tenor y barítono), Gerry Wiggins (piano), Howard Roberts (guitarra), Curtis Counce (contrabajo), Stan Levey (batería).
Grabado en Hollywood, el 30 de diciembre de 1954.
CD1 #13 a #16:
Conte Candoli (trompeta), John Graas (fliscorno), Charlie Mariano (saxo alto), Marty Paich (piano), Monty Budwig (contrabajo), Stan Levey (batería).
Grabado en Hollywood, el 30 de diciembre de 1954.
CD1 #17 a #20:
Conte Candoli (trompeta), Bob Enevoldsen (trombón a válvulas), Bob Hardaway (saxo tenor), Marty Paich (piano), Tony Rizzi (guitarra), Max Bennett (contrabajo), Stan Levey (batería).
Grabado en Hollywood, el 15 de enero de 1955.
CD2 #1 a #4:
Stu Williamson (trompeta); Herb Geller (saxo alto); Jack Montrose, Buddy Collette (saxos tenores); Bob Gordon (saxo barítono); Marty Paich (piano); Curtis Counce (contrabajo); Chico Hamilton (batería).
Grabado en Hollywood, el 17 y el 18 de marzo de 1955.
CD2 #5 a #8:
Don Fagerquist (trompeta), Bob Enevoldsen (saxo tenor y trombón a válvulas), Buddy Collette (flauta y saxos alto y tenor), André Previn (piano), Curtis Counce (contrabajo), Stan Levey (batería).
Grabado en Hollywood, el 19 de enero de 1956.
CD2 #9 a #11:
Bud Shank (flauta y saxo alto), Buddy Collette (clarinete y saxo barítono), John Doe (guitarra), Red Mitchell (contrabajo), Mel Lewis (bateria).
Grabado en Hollywood, el 24 de junio de 1957.
CD2 #12 a #15:
Bob Cooper (saxo tenor y oboe), Art Pepper (saxo alto), Claude Williamson (piano), Monty Budwig (contrabajo), Stan Levey (batería).
Grabado en Hollywood, el 8 de julio de 1957.
CD2 #16 a #18:
Conte Candoli, Stu Williamson (trompetas); Frank Rosolino (trombón); Charlie Mariano (saxos alto, tenor y barítono); Pete Jolly (piano y acordeón); Leroyp Vinnegar (contrabajo); Shelly Manne (batería).
Grabado en Hollywood, el 15 de julio de 1957.

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*Viajero por azar*

Este cuento, compuesto por tres relatos independientes, no tiene nada de ficción. Así lo presenta Murakami al comienzo:

Yo —Murakami— soy el autor de estos relatos. Las historias están, en su mayor parte, escritas en tercera persona, pero el narrador debe, en primer lugar, presentarse a sí mismo. De pie ante el telón, como en una antigua obra de teatro, va a pronunciar unas palabras introductorias, hacer una reverencia y retirarse. Intentaré ser breve. Permítanme, pues, abusar de su paciencia.

La razón por la cual he decidido mostrarme ahora es porque creo que es mejor que narre directamente unos "extraños sucesos" que me ocurrieron en el pasado. A decir verdad, mi vida es rica en este tipo de acontecimientos. Algunos de ellos poseen una significación especial y han ocasionado algún cambio, más o menos importante, en mi vida. Otros son insignificantes, triviales, y no han tenido la menor influencia —o, al menos, eso creo yo—.

Uno de los relatos refiere a cómo la casualidad propicia la reconciliación entre un hermano y una hermana, enemistados durante diez años. Pero son los dos restantes donde figuran las "pistas" jazzísticas que buscamos. 
En la primera, cuenta Haruki:

De 1993 a 1995 viví en Cambridge, en el estado de Massachussets. Estaba en la universidad como escritor residente y escribía una larga novela titulada Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. En el Charles Hotel de Cambridge hay un club de jazz llamado Regattabar donde ofrecen a menudo conciertos de música en vivo. Es un club de jazz que tiene las dimensiones justas, con un ambiente muy tranquilo. En él suelen tocar músicos de renombre y no es demasiado caro.

En una ocasión actuaba allí el pianista Tommy Flanagan y su trío. Aquella noche, mi mujer tenía algo que hacer y fui a escucharlo solo. Tommy Flanagan es uno de mis pianistas de jazz preferidos. La mayoría de las veces aparece como acompañante y su interpretación es cálida y profunda. Tan refinada como estable. Sus solos posen una gran belleza. Me aposenté en una mesa al lado del escenario y me dispuse a disfrutar de la música mientras me tomaba una copa de Merlot californiano. Sin embargo, si se me permite expresar francamente mi parecer, aquella noche su interpretación distaba mucho de ser apasionada. Quizá no se encontrara en las condiciones físicas idóneas. O quizá fuera todavía demasiado pronto y no se había metido en el tema. No era, en absoluto, una mala actuación, pero carecía de ese algo que es capaz de transportar el corazón de quien la escucha a un lugar distinto. También se podría decir que le faltaba un toque de magia. Yo lo escuchaba pensando: "Ése no es Tommy Flanagan. Pero seguro que, de un momento a otro, nos muestra lo que sabe hacer".

Sin embargo, por más que transcurría el tiempo, la interpretación no remontaba. Conforme se acercaba el final, yo me iba impacientando y me decía: "¡No quiero que acabe de este modo!" Esperaba que su interpretación me ofreciera algo que pudiera recordar. Y, de seguir de aquel modo, sólo me dejaría una impresión muy tibia. O quizá nada en absoluto. Además, tal vez no volviera a tener otra oportunidad de escuchar a Tommy Flanagan en directo (de hecho, no la he tenido). Entonces se me ocurrió de repente. "Si tuviera la ocasión de pedirle a Tommy Flanagan que tocara dos melodías más, ¿cuáles elegiría?" Después de pasarme un rato dándole vueltas al asunto, opté por Barbados y Star-Crossed Lovers.

La primera es de Charlie Parker; la segunda, de Duke Ellington. Hay algo que quiero aclarar para los que no sean entendidos en jazz y es que ninguna de las dos melodías son muy conocidas. La primera se puede escuchar a veces, aunque es una de las obras más discretas que dejó Charlie Parker, y, en cuanto a la segunda, creo que la gente diría: "Ésa, yo no la he oído en mi vida", A lo que yo me refiero es, en resumen, a que elegí melodías muy "sobrias".

Por supuesto que tenía una razón para escoger, en mis peticiones imaginarias, esas melodías tan "sobrias". Y es que Tommy Flanagan había grabado, en el pasado, una impresionante interpretación de ambas melodías. La primera está incluida en el álbum llamado Dial J.J.5 (grabado en 1957), donde Tommy Flanagan estaba al piano con la banda de J.J. Johnson, y la segunda aparece en el álbum Encounter! (grabado en 1968), donde él forma parte del quinteto bicéfalo Pepper Adams & Zoot Sims. A lo largo de su extensa carrera, Tommy Flanagan ha interpretado y grabado como acompañante incontables melodías, pero eran los solos, inteligentes y frescos pese a su brevedad, que se encontraban en aquellas dos piezas los que se habían contado siempre entre mis favoritos. Por lo tanto, me hubiera parecido un sueño que las interpretara entonces ante mis ojos. Yo mantenía la vista clavada en él imaginando cómo bajaba del escenario, se dirigía directamente a mi mesa y me decía: "Hace rato que tengo la sensación de que quieres pedirme que toque algo, así que pídeme dos melodías". Por supuesto, las perspectivas de que mis sueños se hicieran realidad eran nulas.

Sin embargo, Flanagan, al final de la actuación, sin decir una palabra, sin lanzar una mirada hacia mí, interpretó las dos melodías, ¡una después de la otra! Primero, la balada Star-Crossed Lovers; luego, una (versión) uptempo de Barbados. Con la copa de vino en la mano, me quedé sin palabras. Supongo que los amantes del jazz me comprenderán, pero es que las posibilidades de que eligiera al final de una actuación esas dos piezas, una detrás de la otra, de entre un número de melodías de jazz tan alto como estrellas hay en el cielo, eran increíblemente pequeñas. Y, además, éste es otro punto interesante de la historia, que la suya fuera una interpretación tan maravillosa y llena de encanto.

The J. J. Johnson Quintet
Dial J. J. 5

1 - Tea Pot
2 - Barbados
3 - In A Little Provincial Town
4 - Cette Chose
5 - Blue Haze
6 - Love Is Here To Stay
7 - So Sorry Please
8 - It Could Happen To You
9 - Bird Song
10 - Old Devil Moon

J.J. Johnson (trombón), Bobby Jaspar (saxo tenor y flauta), Tommy Flanagan (piano), Wilbur Little (contrabajo), Elvin Jones (batería).
Grabaciones realizadas en el Columbia 30th Street Studios de Nueva York, el 29 de enero, el 31 de enero y el 14 de mayo de 1957.

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Pepper Adams
Encounter!

1 - Inanout
2 - Star-Crossed Lovers
3 - Cindy's Tune
4 - Serenity
5 - Elusive
6 - I've Just Seen Her
7 - Punjab
8 - Verdandi

Pepper Adams (saxo barítono), Zoot Sims (saxo tenor), Tommy Flanagan (piano), Ron Carter (contrabajo), Elvin Jones (batería).
Grabado en Nola Sound Studios, Nueva York, el 11 y el 12 de diciembre de 1968.

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Finalmente, la segunda "pista" aparece en la segunda historia:

El segundo acontecimiento tuvo lugar en un periodo de tiempo parecido y también está relacionado, ¡cómo no!, con el jazz. Una tarde, yo estaba buscando discos en una tienda de segunda mano que se encuentra cerca del conservatorio Berklee. Rebuscar por las estanterías llenas de viejos LP es uno de los pocos placeres por los que vale la pena vivir. Aquel día encontré un viejo LP de Pepper Adams llamado 10 to 4 at the 5 Spot grabado por Riverside. Era una grabación de un concierto de música en vivo del apasionado quinteto de Pepper Adams, que incluía la trompeta de Donald Byrd, en el club de jazz Five Spot de Nueva York. 10 to 4 significa "las cuatro menos diez" de la mañana. O sea, que se apasionaron tanto en la actuación que prosiguieron hasta el amanecer. El disco era un original y el estado en que se encontraba era excelente, como si fuera nuevo. Creo que me costó unos siete u ocho dólares. Yo tenía la versión japonesa del disco, pero lo había escuchado tanto que estaba muy rayado y, además, encontrar un original en buen estado a aquel precio era, si se me permite la exageración, un pequeño milagro. Compré el disco sintiéndome el hombre más afortunado de la tierra y, al salir de la tienda, me crucé con un hombre joven que me dijo:

Hey, you have the time? [¿Qué hora es?]

Eché un vistazo al reloj y le respondí automáticamente:

Yeah, it's 10 to 4.

Al decírselo, me di cuenta de la coincidencia y tragué saliva. ¡Uf! ¿Qué diablos estaba ocurriendo a mi alrededor? ¿Estaba el dios del jazz —suponiendo que hubiera algo parecido en el cielo de Boston— guiñándome un ojo y dedicándome una sonrisa? "¿Qué, lo pillas?". [Yo, you dig it?]

Pepper Adams Quintet
10 To 4 At The 5 Spot

1 - 'Tis (Theme)
2 - You're My Thrill
3 - The Long Two-Four
4 - Hastings Street Bounce
5 - Yourna

Pepper Adams (saxobarítono), Donald Byrd (trompeta), Bobby Timmons (piano), Doug Watkins (ontrabajo), Elvin Jones (batería).
Grabado en vivo en el Five Spot Cafe, Nueva York, el 15 de abril de 1958. 

4 de octubre de 2021

Murakami y el Jazz #13

Siguiendo con nuestra búsqueda de los discos de jazz que "decoran" la literatura de Haruki Murakami, el turno ahora es para el libro de cuentos "Después del terremoto", anunciado por la editorial que lo tradujo al español como "un brillante fresco sobre la compasión, el coraje y la naturaleza del sufrimiento humano". Según la traductora Lourdes Porta, esta colección de relatos permite descubrir a un Murakami que narra magistralmente la vida cotidiana y, a la vez, pinceladas del Murakami más próximo al género fantástico, ese que define su universo literario característico e inconfundible.
A juicio de Porta, se trata de la obra de un escritor que, cuando se convierte en narrador de relatos, aporta universos cerrados, perfectos, más de los que las novelas. Según la traductora, "...estos cuentos remiten al ser humano —a sus miedos, pulsiones y deseos—, más allá de un contexto determinado. Incluso sus personajes más prototípicos tienen algo de universal".

La magnitud del terremoto que en 1995 asoló la ciudad japonesa de Kobe, y que se cobró más de cinco mil vidas, movió a Haruki Murakami a dedicar a este terrible suceso seis impactantes historias que transcurren poco después de la tragedia ocurrida en su ciudad natal. El protagonista omnisciente, y también el más conmovedor, es el propio seísmo, que, unas veces de manera sutil, otras de modo muy significativo, irrumpe en las vidas de aquellos que sobrevivieron al apocalipsis. Del dolor inconsolable de una nación aterrada Murakami ha sabido extraer muchas verdades sobre la naturaleza del sufrimiento humano.
Las seis impactantes historias que componen el volumen transcurren poco después de la tragedia y vienen desencadenadas de alguna manera por ella: las imágenes del seísmo emitidas sin cesar por televisión hacen que una mujer por fin abandone a su marido, los estremecimientos de un pintor aficionado al diseño de fogatas, las interrogantes de un joven al preguntarse qué es lo que hizo que su muy religiosa madre decidiera tenerlo, un anodino empleado de banca al que una rana gigante le pide ayuda para salvar a Tokio de un inminente segundo terremoto, un relato infantil con un ominoso Hombre Terremoto que funciona como telón de fondo para un triángulo amoroso, las idas y vueltas de un escritor bloqueado a todo sentimiento y el cuento que contiene las "pistas" de nuestra búsqueda: "Tailandia", que trata de Satsuki, una doctora especialista en tiroides que tras un congreso en Tailandia decide tomarse unas vacaciones. La asiste el enigmático y sabio Nimit, un chófer tailandés que durante esos días trata de paliar la melancolía de Satsuki, cuyo único deseo es que su exmarido ("aquel hombre") haya muerto en el terremoto.

Las conversaciones con Nimit van siendo su guía, en un proceso que se va desarrollando lentamente. Por ello, "nuestra intervención" estará intercalada en esas conversaciones, presentando los discos sin interrumpir las descripciones y los diálogos.
La primera "escena" elegida ocurre cuando Nimit recoge a Satsuki para llevarla a las vacaciones que ella decide tomar después de una conferencia que brindó en Bangkok. Esto sucede dentro de la "limusina Mercedes Benz azul marino de un modelo antiguo, bellamente bruñido y reluciente como una joya, sin una nube que empañase la carrocería":

Al fin, el coche logró salir de la ciudad, entró en la autopista y tomó rumbo hacia el norte. Nimit extrajo una cinta de casete de la guantera, la introdujo en el estéreo del coche y la hizo sonar a bajo volumen. Era jazz. Una vieja melodía que Satsuki recordaba muy bien.

—¿Le importaría ponerla más alta? —dijo Satsuki.

—Faltaría más —repuso Nimit, y subió el volumen. Se trataba de I Can’t Get Started. La misma versión que tantas veces le habían hecho escuchar en el pasado.

—Howard McGhee a la trompeta, Lester Young al saxofón tenor —musitó Satsuki como si hablara consigo misma—. Interpretado por JATP.

Nimit miró el rostro de Satsuki reflejado en el retrovisor.

—¡Vaya! Veo que es toda una experta. ¿Le gusta mucho el jazz, doctora?

—A mi padre le apasionaba. De pequeña, me hacía escuchar jazz muy a menudo.

Me ponía la misma melodía una vez tras otra y me hacía aprender el nombre de los intérpretes. Cuando se los decía todos sin equivocarme, me regalaba un pastel. Por eso ahora aún los recuerdo. Pero sólo los del viejo jazz. Lionel Hampton, Bud Powell, Earl Hines, Harry Edison, Buck Clayton... A los nuevos no los conozco.

Jazz At The Philharmonic
Bird And Pres ≈ The '46 Concerts

*LP 1*
Lado 1
1 - Crazy Rhythm
2 - The Man I Love

Lado 2
3 - Sweet Georgia Brown
4 - Blues For Norman
5 - I Can't Get Started

*LP 2*
Lado 3
6 - Oh, Lady Be Good!
7 -  After You've Gone

Lado 4
8 - I Got Rhythm
9 - JATP Blues

#1 y #2:
Dizzy Gillespie (trompeta); Willie Smith (saxo alto); Charlie Ventura, Lester Young (saxos tenores); Mel Powell (piano), Billy Hadnott (contrabajo); Lee Young (batería).
Grabado en el Philharmonic Auditorium, Los Angeles, California, el 28 de enero de 1946.
#3:
Dizzy Gillespie, Al Killian (trompetas); Charlie Parker, Willie Smith (saxos altos); Charlie Ventura, Lester Young (saxos tenores); Mel Powell (piano), Billy Hadnott (contrabajo); Lee Young (batería).
Grabado en el Philharmonic Auditorium, Los Angeles, California, el 28 de enero de 1946.
#4, #5, #6 y #7:
Al Killian, Howard McGhee (trompetas); Charlie Parker, Willie Smith (saxos altos); Lester Young (saxo tenor); Arnold Ross (piano); Billy Hadnott (contrabajo); Lee Young (batería).
Grabado en el Philharmonic Auditorium, Los Angeles, Los Angeles, California, el 28 de enero de 1946.
#8 y #9:
Buck Clayton (trompeta); Charlie Parker, Willie Smith (saxos altos); Lester Young, Coleman Hawkins (saxos tenores); Kenny Kersey (piano); Irving Ashby (guitarra); Billy Hadnott (contrabajo); Buddy Rich (batería).
Grabado en el Embassy Hotel, Los Angeles, el 22 de abril de 1946.

****

—Yo también escucho sólo a los antiguos. ¿A qué se dedicaba su padre?

—Era médico, claro. Pediatra. Pero murió poco después de que yo entrara en el instituto.

—Lo siento mucho —dijo Nimit—. ¿Y usted sigue escuchando jazz, doctora?

Ella negó con la cabeza.

—No, hace mucho tiempo que no. Dio la casualidad de que mi marido odiaba el jazz. Para él sólo existía la ópera. En casa teníamos un equipo magnífico, pero si yo ponía otra música que no fuera ópera, él torcía el gesto. En este mundo quizá no haya gente más estrecha de miras que la apasionada por la ópera. Pero ¿sabe? Ahora que mi marido y yo estamos separados, aunque no vuelva a escuchar ópera nunca más en mi vida, dudo que la eche de menos.

Nimit sólo apuntó un pequeño gesto afirmativo con la cabeza, sin añadir nada más. Se limitó a asir el volante del Mercedes manteniendo la vista clavada en la carretera ante sí. Tenía una manera muy hermosa de manejar el volante. Colocaba las manos exactamente en el mismo punto y, al cambiarlas de posición, mantenía siempre el mismo ángulo. Empezó a sonar otra vieja melodía familiar: I’ll Remember April, de Erroll Garner. Justamente, Concert by The Sea, de Garner, era el disco favorito de su padre. Satsuki cerró los ojos y se sumergió en los recuerdos del pasado.

Hasta el momento en que su padre había muerto de cáncer, todo a su alrededor había ido bien. Jamás le había ocurrido nada malo. Luego, en escena, se había producido un inesperado fundido en negro (ella había descubierto de pronto que su padre ya no estaba) y todo se había torcido. Como si hubiese empezado una obra totalmente distinta. No había transcurrido ni siquiera un mes desde su muerte cuando su madre se había desembarazado de la colección de discos de jazz de su padre y del gran aparato estéreo.

—¿De qué región de Japón es usted, doctora?

—De Kyoto —dijo Satsuki—. Pero allí sólo viví hasta los dieciocho años. Luego apenas he vuelto.

—¿Kyoto no estará, por casualidad, tocando a Kobe?

—No está lejos, pero tampoco está al lado. Vaya, como mínimo, en Kyoto apenas se han notado los efectos del terremoto.

Nimit cambió de carril, adelantó de golpe, sin esfuerzo alguno, a varios camiones grandes cargados de ganado y luego volvió a situarse en el carril de la derecha.

—Eso es lo principal. A causa del terremoto de Kobe del mes pasado ha muerto mucha gente. Lo he visto en las noticias. Es algo muy triste. ¿Usted, doctora, no tiene ningún conocido en Kobe?

—No, no creo que conozca a nadie de allá —dijo ella. Pero no era cierto. En Kobe vivía aquel hombre.

Nimit enmudeció unos instantes. Después añadió, volviéndose ligeramente hacia ella.

—Es algo muy extraño. Me refiero a los terremotos. Nosotros estamos firmemente convencidos de que, bajo nuestros pies, la tierra es algo consistente, sólido, inamovible. Existe incluso la expresión: "Tocar de pies en el suelo". Sin embargo, un día, de repente nos damos cuenta de que no es así. La tierra y las rocas, que se suponían sólidas, se reblandecen. Eso es lo que he oído en las noticias de la televisión. Creo que han hablado de "licuación". Por suerte, en Tailandia apenas hay grandes terremotos.

Satsuki se recostó en el asiento, cerró los ojos. Envuelta en el silencio se concentró en la interpretación de Erroll Garner. "A aquel hombre", pensó, "ojalá le haya caído encima algo duro y pesado y lo haya despanzurrado. Ojalá se lo haya tragado la tierra deshecha y convertida en lodo. Eso es justamente lo que he deseado durante mucho tiempo."

Erroll Garner
Concert By The Sea

Lado 1
1 - I'll Remember April
2 - Teach Me Tonight
3 - Mambo Carmel
4 - Autumn Leaves
5 - It's All Right With Me

Lado 2
6 - Red Top
7 - April In Paris
8 - They Can't Take That Away From Me
9 - How Could You Do A Thing Like That To Me
10 - Where Or When
11 - Erroll's Theme

Erroll Garner (piano), Eddie Calhoun (contrabajo), Denzil Best (batería).
Grabado en vivo en el Sunset Center, Carmel, California, el 19 de setiembre de 1955.

****
Más adelante, el cuento merece una "intervención". Como no se mencionan discos en particular, me permito elegir los que pudieran contener la música adecuada como banda sonora de la "escena" en cuestión.
Nimit considera que Satsuki merece una piscina mejor que la del hotel para su recreación. Según él "la piscina del hotel está muy llena" y le avisa que la llevará a otra para "nadar en serio":

A la hora del almuerzo, Nimit le llevó al borde de la piscina un té frío y unos sándwiches sobre una bandeja de plata. Unos sándwiches vegetales con queso, cortados con esmero en forma de pequeños triángulos.

—¿Los ha hecho usted? —preguntó Satsuki sorprendida.

Al oírlo, el rostro de Nimit perdió parte de su inexpresividad habitual.

—No, doctora. Yo no cocino. He pedido que me los preparen.

Satsuki estuvo a punto de preguntar: "¿Y a quién?", pero no lo hizo. Ya se lo había dicho Rapaport: si se callaba y lo dejaba hacer, todo iría de maravilla. Los sándwiches no estaban mal. Después del almuerzo se tomó un descanso, escuchó una cinta del Benny Goodman Sextet que le había prestado Nimit en un walkman que llevaba consigo y leyó. Por la tarde nadó un rato más y, a las tres, regresó al hotel.

Durante los cinco días siguientes repitió exactamente lo mismo. Nadó cuanto quiso, comió sándwiches vegetales con queso, escuchó música, leyó. No puso los pies en ningún otro lugar aparte de la piscina. Lo que Satsuki deseaba era un descanso absoluto, no pensar en nada.

Benny Goodman
Sextet

1 - Lullaby Of The Leaves
2 - Temptation Rag
3 - How Am I To Know?
4 - Between The Devil And The Deep Blue Sea
5 - I'll Never Be The Same
6 - Farewell Blues
7 - Undecided
8 - I've Got A Feeling I'm Falling
9 - East Of The Sun (And West Of The Moon)
10 - Four Or Five Times
11 - Under A Blanket Of Blue
12 - Bye Bye Blues

Benny Goodman (clarinete y voz en #10); Terry Gibbs (vibráfono); Allen Hanlon [#9 y #10], Johnny Smith [#1, #2 y #6], Mundell Lowe [#3 a #5, #7, #8, #11 y #12] (guitarras); Teddy Wilson [#1 a #5, #7, #8, #11 y #12],  Lou Stein [#9 y #10], Paul Smith [# 6] (pianos); Bob Carter [#1 y #2], Eddie Safranski [#6, #9 y #10], Sid Weiss [#3 a #5, #7, #8, #11 y #12] (contrabajos); Charlie Smith [#1 y #2], Don Lamond [#3, #7 y #9 a #11], Sid Bulkin [#6], Terry Snyder [#4, #5, #8 Y #12] (baterías).
Grabaciones realizadas en Nueva York, el 24 de noviembre de 1950 (#1 y #2), el 13 de junio de 1951 (# 6), el 29 de julio de 1952 (#4, #5, #8 y #12), el 30 de julio de 1952 (#3, #7 y #11) y el 22 de octubre de 1952 (#9 y #10).

****

Siempre nadaba sola. Tal vez por proceder de un manantial subterráneo, el agua de aquella piscina entre montañas estaba fría como el hielo y, al principio, a Satsuki se le cortaba la respiración, pero después, a fuerza de hacer largos, su cuerpo se caldeaba y alcanzaba la temperatura idónea. Cuando se cansaba de nadar a crol, se quitaba las gafas y nadaba de espaldas. Sobre su cabeza flotaban unas nubes blancas; pájaros y libélulas atravesaban el cielo. Satsuki se decía: "¡Ojalá pudiera seguir así eternamente!".

—¿Dónde ha aprendido inglés? —le preguntó Satsuki a Nimit en el coche, tras dejar la piscina, de vuelta al hotel.

—Durante treinta y tres años, trabajé como chófer en Bangkok para un joyero noruego. El señor y yo hablábamos siempre en inglés.

"¡Ah, claro!", se dijo Satsuki convencida. Recordó que, cuando trabajaba en el hospital de Baltimore, entre sus colegas había un médico danés que hablaba un inglés idéntico. Un inglés de gramática precisa, acento poco pronunciado, expresiones familiares. Fácil de entender, limpio, con cierta falta de gracia. "¡Qué curioso!", se dijo Satsuki. "¡Mira que venir a Tailandia y que te hablen en un inglés noruego!"

—A él le gustaba mucho el jazz y, durante los desplazamientos en coche, siempre escuchaba alguna cinta. De ese modo, yo, que conducía, me fui familiarizando con el jazz. Cuando murió, hace tres años, me dejó este coche y las cintas de casete. La que está escuchando usted ahora es una de ellas.

—¿Entonces, cuando su patrón falleció, usted se independizó y empezó a trabajar como chófer y guía para turistas?

—Así es —dijo Nimit—. En Tailandia hay muchos chóferes-guía, pero tal vez yo sea el único que posee un Mercedes.

—Seguro que su patrón confiaba plenamente en usted.

Nimit permaneció largo tiempo en silencio. Parecía estar considerando la respuesta. Después habló.

—Doctora, yo estoy soltero. Nunca me he casado. Durante treinta y tres años fui, día tras día, la sombra del señor. Lo seguía adondequiera que fuese, lo ayudaba en todo lo que hacía. Era como si me hubiese convertido en una parte de él. Y cuando vives mucho tiempo de esta forma, acabas por no saber siquiera qué es lo que tú deseas en realidad. —Nimit subió un poco el volumen del estéreo del automóvil. Un saxofón tenor estaba ejecutando un solo de tonos graves—. Eso puede aplicarse, por ejemplo, a esta música. Él me decía: "Nimit, escucha esta melodía con atención. Ve siguiendo cada una de las líneas de improvisación de Coleman Hawkins. Fíjate bien, intenta descubrir qué intenta decirnos con ellas. Aquí nos está hablando de un espíritu libre que pugna por escapar del interior de su pecho. Y ese espíritu está dentro de mí, y también está dentro de ti. ¡Fíjate! Puedes oír su eco, ¿verdad? Un suspiro cálido, un estremecimiento del corazón". Eso es lo que me decía. Y yo escuchaba esta música una y otra vez, infinitas veces, aguzaba el oído y lograba descubrir el eco del espíritu. Pero ¿sabe?, no puedo asegurar que fueran realmente mis oídos los que lo percibían. Al estar con alguien durante tanto tiempo, obedeciendo sus palabras, en cierto sentido acabas uniéndote a él en cuerpo y alma. ¿Comprende lo que intento decir?

—Creo que sí —dijo Satsuki. Mientras escuchaba a Nimit, a Satsuki se le ocurrió de repente que tal vez Nimit y su patrón hubieran mantenido una relación homosexual. Claro que eso no pasaba de ser una mera conjetura fruto de la intuición. Sin fundamento. Pero le daba la sensación de que, viéndolo de ese modo, sus palabras cobraban sentido.

—Sin embargo, yo no me arrepiento de nada. Si estuviera en mis manos vivir otra vez, volvería a hacer lo mismo. Exactamente lo mismo. ¿Y usted, doctora?

—No lo sé, Nimit —dijo Satsuki—. No tengo la menor idea.

Nimit no añadió nada más. Cruzaron la montaña donde estaban los monos grises y regresaron al hotel.

Coleman Hawkins
The Hawk In Hi-Fi

1 - Body And Soul
2 - Little Girl Blue
3 - I Never Knew
4 - Dinner For One Please, James
5 - The Bean Stalks Again
6 - His Very Own Blues
7 - The Day You Came Along
8 - Have You Met Miss Jones
9 - The Essence Of You
10 - There Will Never Be Another You
11 - I'm Shooting High
12 - Bean And The Boys [a.k.a 39"-25"-39"]
13 - There Will Never Be Another You (alternate take 1)
14 - There Will Never Be Another You (alternate take 2)
15 - Little Girl Blue (alternate take)
16 - Dinner For One Please, James (alternate take)
17 - I Never Knew (alternate take)
18 - Have You Met Miss Jones (alternate take 1)
19 - Have You Met Miss Jones (alternate take 2)
20 - Have You Met Miss Jones (alternate take ~ breakdown)
21 - The Day You Came Along (alternate take) 

Coleman Hawkins (saxo tenor) acompañado por: 
Jimmy Nottingham [#2 a #4, #10, #13 a #17], Bernie Glow, Lou Oles, Ernie Royal, Charlie Shavers, Nick Travis [#5, #6, #11 y #12] (trompetas); Tommy Mitchell [#2 a #4 y #13 a 17], Urbie Green, Fred Ohms, Jack Satterfield [#2 a #6 y #10 a #17], Chauncey Welsch [#5, #6, #11 y #12] (trombones); Jimmy Buffington (corno francés); Don Butterfield (tuba); Julius Baker (flauta); Sid Jekowsky (clarinete y flauta); Phil Bodner (oboe); Sam Marowitz (saxos altos); Al Cohn, Zoot Sims (saxos tenores); Sol Schlinger (saxo barítono); Marty Wilson (vibráfono, xilófono y lira glockenspiel); Hank Jones (piano y celesta); Barry Galbraith (guitarra); Milt Hinton [#5, #6, #11 y #12] , Jack Lesberg [#1, #7 a #9 y #18 a #21] (contrabajos); Osie Johnson (batería); Phil Kraus (campanas); Alvin Rudnitsky, Arnold Eidus, Dave Newman, Dave Sarser, Gene Orloff, Harry Lookofsky, Leo Kruczek, Max Cahn, Max Hollander, Paul Gershman, Stan Kraft, Cy Miroff, Tosha Samaroff (violines); Bert Fisch, Izzy Zir (violas); Alan Schulman, Bernie Greenhouse, Eduardo Sodero, George Ricci (violonchelos); Billy Byers (arreglos y dirección).
Grabado en Webster Hall, Nueva York, el 17, 18 y 20 de enero de 1956. 

1 de octubre de 2021

Murakami y el Jazz #12

Retomando nuestra búsqueda de los discos de jazz cuya música integra Haruki Murakami en su obra literaria, iniciamos la parte final de la serie enfocándonos en sus libros de cuentos que, hasta la fecha son cinco.
El primero de ellos es "El elefante desaparece", un volumen que contiene 17 relatos escritos entre 1980 y 1991. La editorial encargada de su traducción al español lo presenta como "una maravillosa muestra del talento narrativo de Murakami que nos abre las puertas a otras realidades y nos lleva de la mano a mundos fantásticos", y resume su contenido de la siguiente manera: "Un hombre que se obsesiona con la insólita y misteriosa desaparición del elefante de un zoo, un abogado en paro que recibe el encargo de su mujer de encontrar a su gato, una pareja de recién casados que deciden atracar un MacDonald’s en plena noche, una curiosa digresión sobre los canguros, un enano diabólico que baila, un joven empeñado en burlarse de su futuro cuñado, un pirómano confeso... Los protagonistas de todos los relatos que componen este volumen esperan algo. Un accidente, un hecho azaroso. Al contrario que esta obra, donde nada, absolutamente nada, queda al azar. Alternando páginas inquietantes e hilarantes, El elefante desaparece es una prueba más de la capacidad de Murakami para cruzar la frontera entre lo cotidiano más realista y lo fantástico, transformando así la trivialidad de nuestras vidas".

El único cuento que remite a un disco específico es "Quemar graneros", un relato claramente inspirado en el famoso "Incendiar establos" de William Faulkner. En este cuento, un hombre de treinta y un años —quien cuenta la historia— conoce a una sencilla y sensible chica de veinte que trabaja como modelo publicitaria, aunque su vocación es aprender las destrezas de la mímica.  Nos enteramos de que se conocen en la boda de un amigo en común y que se hacen íntimos. Gracias a una herencia recibida tras la muerte de su padre, la chica viaja al norte de África y cuando regresa lo hace acompañada de un novio que tiene una extraña pasión: quemar graneros. Nuestro relator se entera de ello una tarde de domingo, cuando la pareja lo visita en su casa. 
Y allí aparece la escena que revela la música de nuestra búsqueda:

Llegaron pasadas las dos. Oí el ruido de un coche deportivo acercándose a la casa. Salí a la entrada y aquel vehículo plateado que ya conocía se encontraba allí delante. Ella sacó la cabeza por la ventanilla y agitó la mano. Los seguí con la mirada hasta que aparcaron en la parte de atrás del jardín.

—Ya estamos aquí —dijo sonriente.

Llevaba una camisa tan fina que casi se le transparentaban los pezones, y una falda corta de color verde oliva. Él vestía una chaqueta sport azul marino. Daba una impresión muy distinta respecto a la última vez que le había visto debido a una barba descuidada de no menos de dos días. No obstante, su aspecto general era correcto. Tan solo se apreciaba en él una sombra algo más densa de lo normal. Nada más salir del coche se quitó las gafas de sol y se las guardó en el bolsillo.

—Siento aparecer así de improviso en su día de descanso —se excusó.

—No pasa nada. Para mí, casi todos los días son de descanso. Además, me aburría de estar solo.

—Hemos traído algo de comer.

Sacó una bolsa grande de papel blanco del asiento trasero.

—¿Comida?

—Poca cosa —aclaró él—, pero es domingo y me pareció adecuado.

—Se lo agradezco. No he comido más que manzanas en todo el día.
Entramos en casa y dejamos la comida en la mesa. Había un surtido considerable: sándwiches de rosbif, ensalada, salmón ahumado y helado de arándanos. No estaba mal, la verdad. Ella lo sirvió todo en platos y yo saqué una botella de vino blanco de la nevera. Parecía una fiesta.

—Vamos a comer. Me muero de hambre.

Estaba muerta de hambre, como de costumbre.

Comimos los sándwiches, la ensalada y picamos salmón ahumado. Cuando se terminó el vino, saqué unas cervezas. En la nevera siempre había cerveza. Un amigo tiene una empresa pequeña y me proporciona vales de descuento.

Por mucho que bebiera, la expresión de la cara de él no cambiaba. Yo también aguanto bien la cerveza. Ella bebió a su vez y, en menos de una hora, había una considerable cantidad de latas vacías encima de la mesa. Era una visión sorprendente. Se levantó de la mesa, eligió unos cuantos discos de la estantería y puso uno en el reproductor. Airegin, de Miles Davis, fue su primera elección. 

—Un Garrard de cambio automático —dijo él—. Qué cosa tan poco habitual en estos tiempos.

Le expliqué que era un maniático de los reproductores automáticos y que encontrar un Garrard en buen estado había significado todo un triunfo. Escuchaba mis explicaciones sin dejar de asentir con la cabeza.

 Miles Davis
Cookin' With The Miles Davis Quintet


1 - My Funny Valentine
2 - Blues By Five
3 - Airegin
4 - Tune Up / When Lights Are Low

Miles Davis (trompeta), John Coltrane (saxo tenor), Red Garland (piano), Paul Chambers (contrabajo), Philly Joe Jones (batería).
Grabado en Van Gelder Studio, Hackensack, Nueva Jersey, el 26 de octubre de 1956.

10 de septiembre de 2021

Murakami y el Jazz #11½

Esta entrada es un punto intermedio en nuestro "juego" de buscar las referencias jazzísticas que Haruki Murakami eligió para sus obras.
Hasta aquí se ha buceado entre sus novelas. Lo que resta, para completar la bibliografía completa publicada, estará centrada en sus libros de cuentos.
De paso, la "ilustración" deja constancia de los libros que no contienen una referencia específica a discos de jazz, lo que no significa que no posean innumerables alusiones a obras musicales de otros géneros: clásico, pop y rock.
Esta entrada, también, marcará una pausa... Después de casi dos años de encierro pandémico, al fin se puede volver a cierta "normalidad". Y eso haremos por aquí. Por tanto, después de esta publicación, Quintaesencia entrará en "modo vacaciones" para viajar al fin un poco... 
De todas maneras, este "punto y medio" no estará exento ni de la pluma murakamiana, ni de la música de jazz que ella inspira.

* LA  LETRA *

El 13 de agosto de 2020, la revista The New Yorker, en la que Murakami publica sus novedades habitualmente, presentó un cuento de Haruki en su serie de relatos breves de la colección Flash Fiction - A series of very short stories for the summer. Aún no publicado en ningún libro, Jay Rubin la tradujo del japonés al inglés para la revista y Quintaesencia, en una atrevida "intervención", la tradujo al español para incluirla en esta serie:

≈ El reino que fracasó ≈

Justo detrás del reino que fracasó corría un pequeño y agradable río. Era un arroyo claro y hermoso, y en él vivían muchos peces. La maleza crecía allí, también, y los peces se la comían. A ellos no les importaba si el reino había fracasado o no, por supuesto. Si era un reino o una república no hacía la diferencia. Ellos no votaban ni pagaban impuestos. No hay diferencia para nosotros, pensaban.

Lavé mis pies en el arroyo. El breve baño en el agua helada los enrojeció. Desde el arroyo, se podían ver las murallas y la torre del castillo en el reino que fracasó. La bandera de dos colores todavía ondeaba desde la torre, agitada por la brisa. Todos los que pasaban por las riberas del río veían la bandera y decían: “Oigan, miren eso. Es la bandera del reino que fracasó".

Q y yo somos amigos —o debería decir, éramos amigos en la universidad. Han pasado más de diez años desde que ambos hicimos esas cosas que hacen los amigos. Por eso utilizo el tiempo pasado. De todos modos, fuimos amigos.

Cada vez que intento contarle a alguien acerca de Q —describirlo como persona—, me siento totalmente incapaz. Yo nunca fui muy bueno explicando nada, pero, incluso teniendo eso en cuenta, es un desafío especial tratar de explicarle a alguien cómo es Q. Y cuando lo intento, me embarga un profundo sentimiento de desesperación.

Déjenme hacer esto lo más simple que pueda.

Q y yo tenemos la misma edad, pero él es como quinientas setenta veces más apuesto. También tiene una agradable personalidad. Nunca es agresivo o jactancioso, y nunca se enoja si alguien accidentalmente le causa un problema. "Oh, está bien", dirá él. "Yo he hecho lo mismo". Pero, en realidad, yo nunca escuché que él le hiciera nada malo a nadie.

Él, además, fue bien educado. Su padre era un doctor que tenía su propia clínica en la isla de Shikoku, lo que significa que Q nunca quiso que le dieran una mensualidad. No es que fuera extravagante con el dinero. Se vestía de forma elegante y también era un atleta impresionante, que había jugado tenis interescolar en la secundaria. Le gustaba nadar e iba a la piscina al menos dos veces por semana. Políticamente, era un liberal moderado. Sus calificaciones, si no sobresalientes, eran al menos buenas. Casi nunca estudiaba para los exámenes, pero nunca reprobó un curso. Él de verdad escuchaba las lecciones.

Era sorprendentemente talentoso en el piano, y tenía muchos discos de Bill Evans y Mozart. Sus escritores favoritos tendían a ser franceses —Balzac y Maupassant. A veces leía una novela de Kenzaburo Oe o de algún otro autor. Sus críticas siempre eran acertadas.

Era popular con las mujeres, naturalmente. Pero no era uno de esos tipos que "pone las manos en todas las que puede". Tenía una novia formal, una bonita estudiante de segundo año de una de las elegantes universidades femeninas. Salían todos los domingos.

Cómo sea, ese era el Q que yo conocí en la facultad. En resumen, era un personaje sin defectos.

En ese entonces, Q vivía en el departamento que estaba al lado del mío. Así que después de prestarnos sal o aderezo para ensaladas, nos hicimos amigos, y pronto estuvimos en el cuarto del otro todo el tiempo, escuchando música, bebiendo cerveza. Una vez, mi novia y yo condujimos hasta la costa de Kamakura con Q y su novia. Estuvimos muy cómodos juntos. Luego, durante las vacaciones de verano de mi último año, me mudé, y eso fue todo.

La siguiente vez que vi a Q había pasado casi una década. Yo estaba leyendo un libro junto a una elegante piscina de un hotel, cerca del distrito de Akasaka. Q estaba sentado en la reposera de al lado, y con él había una hermosa mujer de piernas largas en bikini.

Supe de inmediato que era Q. Estaba tan guapo como siempre, y ahora, con poco más de treinta años, mostraba cierta dignidad que no había tenido antes. Las mujeres jóvenes que pasaban le echaban una mirada rápida.

No se dio cuenta de que yo estaba sentado a su lado. Soy un tipo de apariencia bastante normal y llevaba lentes de sol. No estaba seguro de si debía hablarle, pero al final decidí no hacerlo. Él y la mujer estaban enfrascados en una conversación, y dudé en interrumpirlos. Además, no había mucho de lo que él y yo pudiéramos haber hablado. "Yo te presté sal, ¿recuerdas?", "Sí, tienes razón, y también una botella de aderezo para ensaladas". Nos habríamos quedado sin temas rápidamente. Así que mantuve la boca cerrada y seguí con mi libro.

Aun así, no pude evitar escuchar lo que Q y su linda compañera se decían el uno al otro. Fue un asunto bastante complicado. Dejé de leer y los escuché.

"De ninguna manera", dijo la mujer. "Tienes que estar bromeando." 

"Lo sé, lo sé", dijo Q. "Sé exactamente lo que estás diciendo. Pero también tienes que verlo a mi manera. No hago esto porque quiera. Fueron los chicos de arriba. Solo te digo lo que decidieron. Así que no me mires de esa manera".

"Sí, claro", dijo ella.

Q dejó escapar un suspiro.

Permítanme resumirles su larga conversación —completada con una dosis de imaginación, por supuesto. Al parecer, Q era ahora director de una estación de televisión o algo similar, y la mujer era una cantante o actriz moderadamente conocida. Ella estaba siendo apartada del proyecto por una suerte de escándalo en el que se había visto involucrada, o quizás debido a que su popularidad había disminuido. El trabajo de informarle a ella se lo habían dejado a Q, por ser el responsable directo de las operaciones diarias. No sé mucho sobre la industria del entretenimiento, así que no puedo estar seguro de los puntos más sutiles, pero no creo que esté demasiado lejos de todo.

A juzgar por lo que escuché, Q estaba cumpliendo con su deber con genuina sinceridad.

"No podemos sobrevivir sin patrocinadores", dijo él. "No tengo que decírtelo —conoces el negocio".

"¿Entonces me estás diciendo que no tienes ninguna responsabilidad ni nada que decir al respecto?".

"No, no te estoy diciendo eso. Pero lo que puedo hacer es realmente limitado".

La conversación tomó otro giro hacia un callejón sin salida. Ella quería saber cuánto se había esforzado él en favor de ella. Él insistía en que había hecho todo lo posible, pero no tenía forma de probarlo, y ella no le creía. Yo tampoco le creí, realmente. Cuánto más sinceramente trataba él de explicar las cosas, una niebla de deshonestidad se cernía sobre todo. Pero no era culpa de Q. No era culpa de nadie. Por eso no había forma de salir de esa conversación.

Parecía que a la mujer siempre le había agradado Q. Yo sentí que se habían llevado bien hasta que el negocio se interpuso. Lo que probablemente hizo que la mujer se enojara todavía más. Al final, sin embargo, ella fue la que cedió.

"Está bien", dijo. "Lo acepto. ¿Me traerías una Coca-Cola?".

Al oír eso, Q respiró aliviado y fue hasta el puesto de bebidas. La mujer se puso anteojos de sol y miró al frente. Para entonces, había leído la misma línea de mi libro unas doscientas veces.

Q regresó enseguida con dos grandes vasos de papel. Entregando uno a la mujer, se sentó en su reposera. "No te deprimas demasiado por esto", dijo. "Cualquier día tú—"

Pero, antes de que pudiera terminar, la mujer arrojó su vaso lleno sobre él. Le dio de lleno en la cara y una tercera parte de su Coca-Cola me salpicó. Sin decir una palabra la mujer se levantó y, dando un pequeño tirón a la parte de abajo de su bikini, se alejó sin mirar atrás. Q y yo, aturdidos, simplemente nos quedamos sentados durante unos buenos quince segundos. La gente de alrededor nos miraba en estado de shock.

Q fue el primero en recobrar la compostura. "Lo siento", dijo y me tendió una toalla.

"Está bien", le respondí. "Simplemente me daré una ducha".

Mostrándose un poco molesto, retiró la toalla y la usó para secarse.

"Al menos déjeme pagarle por el libro", dijo. Era cierto que mi libro estaba empapado. Pero era una edición económica de bolsillo, y no era un ejemplar muy interesante de todos modos. Cualquiera que arrojara Coca-Cola sobre él y me impidiera leerlo estaba haciéndome un favor. Se animó cuando dije eso. Tenía la misma gran sonrisa de siempre.

Q se fue en ese momento, disculpándose conmigo una vez más mientras se levantaba. Nunca se dio cuenta de quién era yo.

Decidí ponerle a esta historia el título de "El Reino Que Fracasó" porque ese día había leído un artículo en el periódico de la tarde acerca de un reino africano que había fracasado. "Ver cómo un reino espléndido se desvanece", decía, "es mucho más triste que ver colapsar a una república de segunda categoría".

© Haruki Murakami, 2020
Fuente (en inglés): https://www.newyorker.com/books/flash-fiction/the-kingdom-that-failed

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* LA  MÚSICA *

En este punto de transición entre las novelas y los cuentos de Murakami, qué mejor que elegir un título que, mediante música de jazz, dirija directamente al primer libro de cuentos de nuestra futura lista: "El elefante desaparece" ("The elephant vanishes", en inglés). 
Por eso, la selección más apropiada viene de la mano del contrabajista Fumi Tomita. Permítanme presentarlo:

De ascendencia asiática (padre japonés y madre chino-estadounidense), Fumi Tomita nació en Nueva York el 26 de noviembre de 1971. Acorde con su época, sus primeros amores musicales fueron el rock progresivo y el jazz de fusión, lo que lo llevó a estudiar piano en la escuela secundaria. Poco tiempo después se inclinó por la guitarra y el bajo. Este último instrumento se ganó toda su fidelidad, con el cual logró conseguir un lugar en el programa de interpretación de jazz de la Universidad McGill en Montreal, Canadá.
Pasó algún tiempo trabajando como músico en Montreal, después estuvo un año en Portland, Oregon, y luego regresó a su ciudad natal en 2000, donde se propuso alcanzar una maestría en la Manhattan School of Music. Dicho instituto lo puso en contacto directo con la comunidad de jazz de Nueva York, comenzando a trabajar con artistas de la talla de Joey Baron, Vincent Herring, Jeremy Pelt y Art Hirahara. Mientras tanto, continuó estudiando música, terminó su maestría y estudió "Etnomusicología" en el Hunter College y "Jazz y medios contemporáneos" en el Eastman School of Music. Finalmente, obtuvo un puesto permanente en el programa de jazz de la Universidad de Massachusetts-Amherst, donde sigue enseñando hasta el día de hoy.

En 2018 tuvo una brillante idea, como pensada para nuestra serie: componer y grabar una decena de melodías inquietantes y memorables. Inspiradas en los relatos de "El elefante desaparece", sus creaciones son una declaración audaz de la identidad asiático-estadounidense. En The Elephant Vanishes interpreta siete cuentos del autor japonés que se basan en temas de desesperación, soledad, desconexión y autodescubrimiento. Igualmente destacadas son las referencias de la cultura pop occidental y los elementos mágicos que decoran cada historia. Junto con el saxofonista Jason Rigby, el guitarrista Mike Baggetta, el pianista Art Hirahara y el baterista Mark Micklethwaite, Tomita reinventa los temas literarios de Murakami, transformándolos en ricos paisajes musicales.

Fumi Tomita
The Elephant Vanishes
~ Jazz Interpretations Of The Short Stories Of Haruki Murakami ~

1 - Wind-Up Bird and Tuesday's Women
2 - Second Bakery Attack
3 - Barn Burning
4 - Part 1: The Fall Of The Roman Empire
5 - Part 2: 1881 Indian Uprising
6 - Part 3: Hitler's Invasion Of Poland
7 - Part 4: The Realm Of Raging Winds
8 - Dancing Dwarf
9 - T.V. People
10 - The Elephant Vanishes

Fumi Tomita (contrabajo), Jason Rigby (saxos), Mike Baggetta (guitarra), Art Hirahara (piano), Mark Micklethwaite (batería).
Grabado en Samurai Hotel, Astoria, Nueva York, el 7 y 8 de junio de 2018.

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* LA  PAUSA *

Ahora sí, rumbo a Punta del Diablo, EL lugar del mundo que me está esperando desde hace dos años. 
Si lo hados me son benévolos, el viernes 1 de octubre volveré por aquí...