
Aturdido entre tantas listas de los mejores discos del año, los mejores discos de la década y esas acostumbradas encuestas de cuanta publicación exista, he preferido vagar por la excelente página Jazzwax del periodista neoyorquino Marc Myers, donde lo nuevo es anunciado sin desmanes y las leyendas del jazz son abordadas profundamente a través de entrevistas con ellas mismas o con personalidades que las conocieron.
No se qué criterios toman en cuenta las encuestas que destaqué primero. Jazzwax destaca la excelencia sin importar si es nuevo o viejo... hace recordar que no está mal volver a prestarle atención a un viejo disco con tanta o más importancia que al recién editado.
Y es así que me recordó uno soberbio del saxofonista Bill Perkins, uno de los leones del West Coast Jazz.
Como casi todo tenortista de mediados de 1950, fue influenciado por Lester Young pero, como dijera el crítico Ralph J. Gleason, diferenciándose por tener "una emoción disciplinada".
Bill Perkins nació en San Francisco el 22 de Julio de 1924 y murió en Shermans Oaks, California, el 9 de Agosto de 2003.
Su carrera profesional como músico se inicio en 1950 a la edad, relativamente tardía, de 26 años. Trabajó con Jerry Wald y luego dio el gran salto a la orquesta de Woody Herman y posteriormente con la de Stan Kenton, con quien realizó una gira de conciertos por Europa en 1956.
Como había estudiado ingeniería en el California Institute of Technology y la Universidad de Stanford, aplicó esos conocimientos a la música y patentó varios componentes electrónicos de instrumentos, incluyendo una trompeta y un saxofón sintetizado.
Pero me estoy yendo por las ramas.
Lo que quería era compartir este “On Stage”, el primer álbum de Bill como líder para el sello Pacific Jazz Records en el que montó un octeto impresionante arreglado por la flor y nata de los orquestadores californianos de entonces: Bill Holman, Lennie Niehaus y Johnny Mandel.
Y para no distraer más, antes del reproductor, la portada y contraportada del disco con la información de música y músicos.
Gracias Jazzwax por alejarme un poco de la loca y veloz realidad y recordarme un clásico plácido y hermoso.


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