27 de septiembre de 2009

A manera de presentación



Cuando alguien escribe algo hermoso se nos pueden ocurrir dos cosas: pensar egoístamente: "¡¿cómo no se me ocurrió?!", o alegrarnos porque alguien lo haya escrito.
En mi caso, soy de los de la segunda opción.
Así que a manera de presentación, nada mejor que esta brillante definición de los que fuimos condenados a amar el jazz.
Mientras leen, hagan "play" en el reproductor. Como banda de sonido, cantará el pájaro responsable de haber ingresado a éste mundo sin salida.



UN UNIVERSO CAMBIANTE
Eduardo Hojman
Barcelona Jazz Bar
http://barcelonajazzbar.blogspot.com

Con el porte melancólico y orgulloso de los que se reconocen como una especie en extinción, los fanáticos del jazz circulan por los mundos de la música como quien cumple una misión en la vida. Es fácil reconocerlos: clasifican sus discos ­que poseen en cantidades abrumadoras­ en orden alfabético y cronológico, tienen muchos libros sobre el tema, que leen con perenne desacuerdo, disparan como si tal cosa clasificaciones y subcategorías como hard bop, new cool, post bop y swing nouveau, que suenan como sortilegios masónicos a oídos ajenos. Muchos de ellos podrían pasar los temibles exámenes de reconocer músicos con los ojos vendados, discuten entre sí por un «quítame de allí esas secciones de vientos» y otorgan a ciertos títulos de jazz el inasible honor de marcar períodos de su vida, como los describe Carlos Sampayo en Memorias de un ladrón de discos.

Algunos de ellos, en una actitud romántica e indefendible, afirmarán que el vinilo suena mejor que los compact-discs; otros juran por A Kind of Blue de Miles Davis o por algún que otro salto al vacío de Charlie Parker. Los ofenden las diatribas neotradicionalistas de Wynton Marsalis, y, por lo general, el combustible que alimenta sus acaloradas disputas sobre tal o cuál estilo es el inconmensurable placer de predicar a los conversos. Saben que están condenados a desaparecer: por un lado, el bombardeo de información inútil y accesible hace innecesarios a estos cultores de la sabiduría oral y personal; por otro, siempre han sufrido de la incomprensión de cónyuges, compañeros y otros seres cercanos, que atacan con saña su obsesiva, cuasi religiosa pero finalmente inocente, búsqueda del placer.

Hay algo de noble y quijotesco en todo eso: el jazz, con sus takes irrepetibles y su constante movimiento, es un terreno movedizo y cambiante. Los fanáticos del jazz lo saben, y se enfrentan día a día con un imposible borgiano: hacer un mapa nuevo de un universo que nunca es el mismo.

2 comentarios:

  1. EXELENTE ARTICULO CON UNA DESCRIPCION MUY ACERTADA.
    BUENA ELECCIÓN Y MUY DISFRUTABLE !!
    SALUDOS.

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  2. Gracias por citarme y por tus elogios. Un abrazo grande. Eduardo Hojman

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